Viven y colean por siempre

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Por Fabián D´Amico

Lograda reposición de la creación de Midón-Gianni. Gloriosos Roberto Catarineu y Carlos March, muy bien acompañados por Laura Oliva.

Una de las máximas al momento de enfrentarse a un papel o una pantalla para escribir una crítica es el distanciamiento, el tomar distancia entre el discurso artístico y la valoración que se haga del mismo, alejarse y no involucrar lo subjetivo en la escritura. Hay casos-obras- en las cuales esto es imposible y el “yo” crítico se involucra con el “yo” espectador. Una de esas obras es Vivitos y Coleando 2 donde es imposible- al menos para el que escribe-evitar que el corazón y los sentimientos no nublen la razón, lo racional.

La historia de estos payasos que juegan, se enamoran, se divierten, cantan y bailan sin ningún hilo argumental que una los distintos cuadros y canciones, acompaña hace varias generaciones a Argentinos asiduos al teatro y esta comunión se materializa en la platea ni bien los siete actores-cantantes-bailarines-payasos-“magos” pisan el escenario. Muchas abuelas, madres, padres e hijos ocupan la platea y mientras los más chicos son atraídos por los movimientos, maquillaje y ropa de los actores, los mayores cantan en silencio, hacen la mímica de cada una de las canciones que saben de memoria y varias lágrimas ruedan por sus mejillas recordando aquellos tiempos en donde ellos eran los niños inocentes atrapados por los payasos creados por Midon- Gianni.

Una puesta en escena de Manuel Gonzalez Gil despojada y fiel a la original, con puertas, ventanas, sillas y bancos que entran y salen y dan vida a cada escena, con bailes dinámicos creados por Doris Petronni y un colorido vestuario invitan al juego continuo y permanente, a soñar con ser piratas que invaden Buenos Aires, con genios y sus lámparas mágicas que vienen en ayuda de los problemas del país, y en especial, las reglas para mantener “cortitos” a los payasitos que tratan de limpiar el lugar con infinidad de artículos de limpieza, mientras una romántica payasa desoja margaritas.

Las bellas criaturas creadas por Midón, con las canciones emblemáticas de Carlos Gianni siempre tienen quienes las materialicen de forma precisa. En esta versión los protagonistas son actores clásicos de los musicales de la dupla: Roberto Catarineu y Carlos March. Más de treinta años poniéndose narices coloradas hacen redundante cualquier adjetivo que se pueda decir de sus actuaciones. La magia que se crea entre ambos “eternos payasos” atraviesa a la platea quien se emociona y ríe en dosis pareja. El tercer protagónico recae en Laura Oliva quien marca el ritmo vertiginoso de la puesta, siendo la tercera en discordia en cuestiones amorosas y quien lleva la voz cantante y es la primera bailarina de la troupe. Un elenco parejo donde se destaca Flavia Pereda.

Sin sorpresas, sin grandes escenografías corpóreas ni pantallas led y menos aún, gente volando, Vivitos y Coleando 2 es solo una obra donde lo que se hace volar continuamente es la imaginación y creatividad de todo el público con la eterna vigencia que solo poseen los grandes creadores.