Como arena entre las manos

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Por Fabián D´Amico

Poético unipersonal que rememora la vida de una persona a través de sus veranos en la infancia. Sobresaliente actuación de Ana María Cores.

Muchas piezas teatrales tienen el efecto de transportar a la audiencia a tiempos pasados con recuerdos compartidos por casi todos los presentes en la sala, o al menos, por quienes ya peinan algunas canas. Esto sucede con el unipersonal de Ana María Cores Como arena entre las manos un viaje a los veranos compartidos de pequeños con primos, tíos y abuelos en alguna playa de la costa atlántica. Un viaje placentero, poético, cuya identificación con algún hecho del inconsciente colectivo no tarda en llegar, y con él, algunas lágrimas pensando en quienes ya no están entre nosotros.

EL código de vestimenta de baño en las playas de Mar del Plata, redactado a finales del siglo XIX- y que consta de seis artículos- es el disparador para que Margarita nos presente a su familia, a sus veranos y a su lugar en el mundo. Un código estricto que menciona lo que se puede hacer y lo que no en las playas marplatenses es respetado también en Miramar, playa donde la abuela de Margarita reunía a su familia cada año para compartir días de felicidad. La narradora de la historia relata sus primeros años de vida en ese lugar, la odisea para llegar y la tristeza al partir, al final del mes de Febrero, el único mes que la familia podía pagar.

Con cada artículo, una bella canción escrita por Carlos Gianni es interpretada por la Cores y se separa así el espectáculo según van pasando los años. Una Margarita de cuatro años, una de nueve, una niña adolescente que busca independizarse de su familia y se aventura más allá del muelle donde encuentra su primer beso, que se repetirá a lo largo de más de cuarenta años. Una dramaturgia plagada de belleza y poesía de Pablo Mascareño, con pasajes de compleja escritura a la que la actríz no solo le pone el cuerpo y la voz sino un mucho de sentimiento y naturalidad. El oír a la Cores relatar las vivencias de Margarita con una entrega física y emotiva descollantes, causa una enunciación particular y un química mágica con el público, como si este estaría escuchando hablar de su propia infancia.

Una puesta en escena mínima en cuanto a lo escenográfico pero con un logrado lirismo le permite brillar a Ana María Cores en una pieza escrita a la medida de su grandeza artística, ya que es imposible adjetivar a esta artista como actriz que canta o cantante que actúa, es simplemente una artista con una sensibilidad exquisita y cuando encuentra una dirección precisa como es en este caso la ejercida por Herminia Jensezian permite que su talento se potencie al extremo.

Como arena entre las manos es un unipersonal poético, de aquellos que generan que a la salida de la sala se siga recordando imágenes, palabras y aromas que la triangulación autor-directora-actriz ofrecen a la audiencia para que esta mantenga viva a la Margarita niña que cada uno lleva en su interior y que muchas veces está cubierta por capas de preocupación, responsabilidad y adultez, dejando de lado lo lúdico que propone la vida a cada instante.