Todo hecho teatral tiene mucho de
voyerismo. Entrar en penumbras a una sala, sentarse a esperar que en el
escenario ocurra algo y disfrutar lo que nos muestran son claros indicios de
esa práctica particular. Esto se potencia en la propuesta de “Rigopal”, la
nueva comedia de Hernán Morán.
Tomando como punto de partida “La ventana
indiscreta”, film clásico de Alfred Hitchcock, el autor plantea desde la
concepción de la puesta cierto clima de misterio. El escenario es transformado
en una gran ventana con un cortinado vaporoso que permite apreciar todo lo que
ocurre en el interior de un departamento; único elemento común con el film ya
que el relato de la obra esta plagado de humor, onda retro y situaciones
cercanas al ridículo.
Una pareja ingresa en forma extraña a un
departamento, huyendo de la familia de la joven que no acepta la relación. La
mujer debe permanecer todo el día encerrada para que no se descubra su
paradero. Solo tiene contacto con su marido, que en forma compulsiva ingresa al
lugar con cajas que invaden el espacio. Esta situación cotidiana es observada
por una indiscreta vecina desde una ventana cercana. La intriga de ésta es
mayor cada día, hasta que decide contactarse, primero en forma telefónica, y
luego personalmente con la joven; entablando una secreta relación que dará un
vuelvo inusitado a la historia.
Con estos elementos, Hernán Morán realiza
una dinámica puesta y ajustada dirección de actores, quedando apocada por estas
virtudes una dramaturgia lineal y de poca profundidad. En la comedia de Morán,
prima lo que se muestra y como se lo muestra, con el aporte de una
escenografía, vestuario e iluminación de factura y calidad inusitada para un
espectáculo del circuito off. Un elenco homogéneo, en donde sobresalen las
actuaciones femeninas, permite que la obra sea una propuesta más que
interesante dentro del ámbito del teatro alternativo. Queda demostrado en
“Rigopal” que con escasos recursos pero bien utilizados se puden ofrecer productos
de calidad.